miércoles, 7 de enero de 2026

EL CENICIENTO HUERVA 47 AÑOS DESPUÉS

Traemos a esta entrada la colaboración de un miembro de este colectivo que recoge de su memoria un reflexión de su padre que el tiempo ha hecho también suya respecto a la realidad del río Huerva que, a pesar de cruzar el solar de los zaragozanos ha pasado desapercibido para buena parte de su población.


Hace casi 50 años en el año 1978, mi padre, escritor aficionado, publicó un artículo en una revista cultural aragonesa relativo al río Huerva. El artículo formaba parte de lo que parece una serie marcada con el epígrafe Zaragoza contra sus ríos, serie de la que desconozco si hubo más publicaciones. 

El artículo en cuestión se titula Ceniciento Huerva. Y el comienzo tiene que ver con el epígrafe de la serie ya que constata como Zaragoza ha dado desde siempre la espalda a sus ríos. Y el peor parado de todos, el más pequeño, el más maltratado, ha sido el Huerva, hasta el punto de convertirse en una verdadera cicatriz en la ciudad. Por eso el autor del artículo se queda con él, porque no tiene a nadie que le defienda (o que le entienda) como tienen los otros ríos. 

Curiosamente, 30 años después, el Ebro en la ciudad tendría su lavado de cara y su reconocimiento, igual que el Gállego. Sin embargo el Huerva fue olvidado una vez más y los intentos para recuperarlo en la ciudad han fracasado una vez tras otra.

Así que mi padre se decide acompañar al Huerva desde su nacimiento, y allí se va,

junto al Santuario de la Virgen de la Silla, y hace una foto del mojón que marca ese origen, y lo sigue y acompaña por Bea, Lagueruela, Ferreruela, Villahermosa, Badules, Villadoz, Villareal, Mainar, Cerveruela, Vistabella, Las Torcas, Tosos, Aguilón, Villanueva, Mezalocha, Muel y Cuarte.

Encuentra pastores y paisanos (o hace que se los encuentra) de una España que ya no existe.

A causa del polígono industrial el ganado ya no puede beber del agua del Huerva. La fuente de la Junquera es un lavadero de coches. En el ojo del canal hay bañistas domingueros haciendo paella. A partir de ahí el río entra en la ciudad y la descripción de las condiciones del río no se diferencia mucho de la que hace el actual Plan Director del Río Huerva (PDRH) que lidera el Ayuntamiento de la ciudad. Basuras, residuos, desagües, vertidos incontrolados, calles y edificios ocupando el espacio del río. El diagnóstico no ha cambiado, igual que apenas ha cambiado el estado del río.

Cuando va a empezar el tramo cubierto bajo la Gran Vía y Constitución, ante la boca negra del túnel, viene el momento más emotivo del artículo y un golpe de efecto. Lo trascribo:

“Aquí he de confesar que el Huerva, ya convertido en intimo amigo, en hermano, y que no ha protestado ante tanto agravio durante su trayecto, se planta y me dice muy firme:

- Yo no quiero entrar ahí. Estupefacción.”


Pero el río no se pone en pie como parece un instante y el autor sueña con que camina por un paseo arbolado y ajardinado junto a un río con aguas limpias y puentes elegantes como un verde cordón umbilical que une la ciudad con su Parque. Que une y no separa como siempre se ha entendido. Vemos que no es nueva esa idea del río como enlace de zonas verdes del Plan Director actual.

Pero lo que si es distinto y sorprende tanto o más que la respuesta del Huerva ante el oscuro sumidero, es la propuesta del Plan de hacer visitas turísticas al interior del mismo. Es uno de los usos específicos propuestos. Se llama H6 El Mito de la Caverna:  

“La potencia estética y espacial de esta gran caverna en la que surca el río bajo la ciudad ruidosa y activa, abre una reflexión para incorporar este espacio soterrado como un espacio especifico de la ciudad, con un contenido especifico. La longitudinalidad de su dimensión, con posibles entradas puntuales de luz desde la ciudad, lo convierte en un espacio muy atractivo e utilizable con un fin didáctico y turístico... puede servir de espacio para hacer visitas guiadas y exposiciones visuales sobre las paredes de los muros. El silencio y el solitario sonido del río alejándose en la oscuridad de la ciudad impacta de sobremanera.” 

No sabría como calificar esta propuesta, lo dejo a vuestro criterio.

El artículo de mi padre termina con las esperanzas moderadas que le da el entonces nuevo Plan Parcial en la margen derecha del río Huerva. Por eso yo terminaré el mío con unos pequeños comentarios al ahora nuevo Plan Director del Río Huerva.

Se nota que este Plan lleva más de una década, quizás dos, danzando por los despachos y las administraciones. En el tema del agua que es el que conozco un poco, la información que utiliza es anterior a la aprobación del primer Plan Hidrológico del Ebro que, en consecuencia, no menciona y es de 2013. Después se han aprobado dos Planes Hidrológicos más y ahora se está trabajando en la tercera actualización. Por lo tanto toda la información hidrológica e hidráulica es vieja, no actualizada, y necesitaría una revisión completa.

Otra información también caducada pero aún de mayor importancia es la concerniente a las zonas inundables debido a su importancia a la hora de planificar actuaciones que puedan poner en riesgo a la población. Los múltiples documentos del PDRH tampoco conocen la existencia de un Plan de Gestión del Riesgo de Inundaciones (PGRI), que en paralelo al Plan Hidrológico, también se encuentra en la confección de su tercera revisión. Este Plan viene indisolublemente unido a una cartografía de zonas inundables y unos mapas de peligrosidad y riesgo de inundación. 

Por suerte toda esta información esta perfectamente disponible en la página web de la Confederación Hidrográfica, y como es de esperar de actuaciones que se planifican en un cauce fluvial, la administración hidrológica tendrá que revisar y corregir de acuerdo a esta información las propuestas que se planteen.

No puedo por menos que esbozar una sonrisa ante la ingenuidad de algunas propuestas que tienen que ver con la gestión hidrológica. El PDRH plantea cándidamente aumentar el caudal circulante en el tramo urbano (para mejorar el aspecto del río) recuperando las asignaciones a algunas concesiones de regadíos abandonados o desaparecidos en las cercanías de Zaragoza.

Cualquiera que lleve algún tiempo metido en estos temas de gestión del agua y de los ríos sabe que esa posibilidad es más rara que ver a un unicornio cruzar el puente de Piedra.

Sinceramente espero que los promotores mantengan esa inocencia, que quizás es la única oportunidad para conseguir que nuestro ceniciento de los ríos zaragozanos deje de ser una profunda cicatriz que cruza el rostro de la ciudad y sea el río de las aguas que nos unen.

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